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Preocupaciones y ansiedad

15 noviembre 2011

AngustiaUno de los temas más recurridos cuando hablamos de la gestión de las emociones es el de cómo lidiar con las preocupaciones. Cualquiera de nosotros pagaría por tener una “varita mágica” con la que solucionar cada problema que se presentara en nuestra vida, y lo paradójico es que la varita mágica para ello –si cabe hablar en estos términos- pasa más bien por aceptar la normalidad de la existencia de problemas en la vida. Luego, con esto asumido, adoptar estrategias saludables para afrontarlos no cargándonos de ansiedad por el futuro que, actuando con serenidad, o bien podríamos “cambiar”, o bien aceptar si llegamos a la conclusión de que está fuera de nuestras manos.

Se ha dicho que hablar de “preocupaciones” es hablar de “pagar interés antes de recibir el préstamo”. Y de hecho es así, pues cualquier preocupación está relacionada con un estado de ansiedad por algo que esperamos que va a ocurrir en un futuro (próximo o lejano).

En este sentido, en una ocasión Mark Twain escribió en tono irónico: “Mi vida se ha llenado de terribles desgracias –la mayor parte de las cuales nunca han sucedido”. Y como él mismo dijo reflexionando sobre este tema: “La vida […] se compone básicamente de la tormenta de pensamientos que siempre está teniendo lugar en nuestra mente”.

Lidiar con nuestra preocupaciones tiene que ver en esencia con aprender a trabajar con esta “tormenta de pensamientos”. El problema, como dirá Robert Gerzon, es que un modo en el que nos escabullimos de este asunto es dignificando esta tormenta y llamándola: preocupación.

Una tormenta de pensamientos relacionados con una predicción del futuro (preocupación) se debe abordar desde la premisa práctica de analizar la situación lo más objetivamente posible y decidirse a actuar en consecuencia, al mismo tiempo que disponerse a aceptar los desenlaces desagradables que no podamos cambiar. Sin embargo, el preocuparnos dejando que los mismos pensamientos den vueltas una y otra vez por nuestra cabeza, produce una extraña e inconsciente “ilusión de control”: nos angustiamos por lo que creemos que va a ocurrir, pero siempre es “más seguro” que disponernos a plantear seriamente qué solución le buscamos a la situación, con la incertidumbre que ello conlleva.

Esta es la diferencia entre la ansiedad natural (aquella que despierta en nosotros de forma normal una excitación física y mental y nos predispone con la energía necesaria para buscar la/s  soluciones más efectivas ante un problema real) y la ansiedad tóxica (aquella que analiza los problemas desde nuestra percepción distorsionada que nos incapacita para pensar y actuar coherentemente con la situación).

 La ansiedad natural nos lleva a convertir la preocupación incipiente en un reto para buscar soluciones, con el riesgo que conlleva de probar un camino nuevo y quizá no conocido del todo. Sin embargo cuando nos dejamos llevar por la ansiedad tóxica, curiosamente, el regodearnos en los mismos pensamientos de angustia frente al problema nos da un sentido interno de seguridad y acomodo en nuestro propio sentimiento de desgracia e indefensión.

Ansiedad tóxica Un ejemplo. Una persona que está preocupada porque considera que su pareja plantea su vida –a su juicio- de una forma muy independiente, puede pararse y afrontar la situación (pensando sobre su propia percepción, sobre el porqué del planteamiento de vida de su pareja, hablando de un modo sincero con la otra persona, etc.) o dar rienda suelta a su tormenta de pensamientos dejándose llevar por una ansiedad tóxica. A primera vista parece más lógico lo primero, ¿verdad?, sin embargo, más bien solemos actuar como el segundo caso (aunque muchas veces al final saltamos y “hablamos”, pero ya cuando la situación a nivel relacional y emocional ha avanzado demasiado en sentido negativo –fuera de momento y con formas poco adecuadas).

¿Por qué ocurre esto? Entre otras cosas, por lo que he dicho en los párrafos anteriores. Paradójicamente, nos sentimos más seguros con nuestros pensamientos repetitivos y ansiosos (pero al menos conocidos) que adentrándonos en lo desconocido de la autoreflexión y autoevaluación personal así como con la conversación sincera junto a la otra persona (¿quién sabe cómo reaccionará?, ¿y qué nos reprochará a nosotros?, ¿comprenderá lo que le decimos o nos hará sentir aún peor?, ¿qué averiguaremos sobre nosotros que no nos guste o qué nos hará ver que no nos guste?, ¿y si resulta que no tenemos tanto razón cómo creemos cuando pensamos sobre el tema y nos regodeamos sintiéndonos víctimas?, y tantas otras incógnitas que rondan conscientemente o inconscientemente por nuestra cabeza).

Espero que esta reflexión nos ayude a comprender un poquito más qué tipo de juegos psicológicos encubiertos trabajan muchas veces detrás de nuestras preocupaciones, y que esto nos ayude tanto a “perdonarnos” por dejarnos llevar más de una vez por nuestra ansiedad tóxica, como a que emprendamos el camino del afrontamiento práctico de los problemas con eficacia y valentía así como la aceptación de aquellas realidades que no podremos cambiar, el mejor antídoto para superar las preocupaciones.

Un saludo.

 

Si lo deseas puedes leer otros post relacionados en los siguientes enlaces:

- Los tres pilares para la práctica de la gestión emocional.

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  1. Dámaris Secanella Enlace permanente
    16 noviembre 2011 13:49

    Muy interesante :)

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