Preocupaciones y ansiedad
Uno de los temas más recurridos cuando hablamos de la gestión de las emociones es el de cómo lidiar con las preocupaciones. Cualquiera de nosotros pagaría por tener una “varita mágica” con la que solucionar cada problema que se presentara en nuestra vida, y lo paradójico es que la varita mágica para ello –si cabe hablar en estos términos- pasa más bien por aceptar la normalidad de la existencia de problemas en la vida. Luego, con esto asumido, adoptar estrategias saludables para afrontarlos no cargándonos de ansiedad por el futuro que, actuando con serenidad, o bien podríamos “cambiar”, o bien aceptar si llegamos a la conclusión de que está fuera de nuestras manos.
Se ha dicho que hablar de “preocupaciones” es hablar de “pagar interés antes de recibir el préstamo”. Y de hecho es así, pues cualquier preocupación está relacionada con un estado de ansiedad por algo que esperamos que va a ocurrir en un futuro (próximo o lejano).
En este sentido, en una ocasión Mark Twain escribió en tono irónico: “Mi vida se ha llenado de terribles desgracias –la mayor parte de las cuales nunca han sucedido”. Y como él mismo dijo reflexionando sobre este tema: “La vida […] se compone básicamente de la tormenta de pensamientos que siempre está teniendo lugar en nuestra mente”.
Lidiar con nuestra preocupaciones tiene que ver en esencia con aprender a trabajar con esta “tormenta de pensamientos”. El problema, como dirá Robert Gerzon, es que un modo en el que nos escabullimos de este asunto es dignificando esta tormenta y llamándola: preocupación.
Una tormenta de pensamientos relacionados con una predicción del futuro (preocupación) se debe abordar desde la premisa práctica de analizar la situación lo más objetivamente posible y decidirse a actuar en consecuencia, al mismo tiempo que disponerse a aceptar los desenlaces desagradables que no podamos cambiar. Sin embargo, el preocuparnos dejando que los mismos pensamientos den vueltas una y otra vez por nuestra cabeza, produce una extraña e inconsciente “ilusión de control”: nos angustiamos por lo que creemos que va a ocurrir, pero siempre es “más seguro” que disponernos a plantear seriamente qué solución le buscamos a la situación, con la incertidumbre que ello conlleva.
Esta es la diferencia entre la ansiedad natural (aquella que despierta en nosotros de forma normal una excitación física y mental y nos predispone con la energía necesaria para buscar la/s soluciones más efectivas ante un problema real) y la ansiedad tóxica (aquella que analiza los problemas desde nuestra percepción distorsionada que nos incapacita para pensar y actuar coherentemente con la situación).
La ansiedad natural nos lleva a convertir la preocupación incipiente en un reto para buscar soluciones, con el riesgo que conlleva de probar un camino nuevo y quizá no conocido del todo. Sin embargo cuando nos dejamos llevar por la ansiedad tóxica, curiosamente, el regodearnos en los mismos pensamientos de angustia frente al problema nos da un sentido interno de seguridad y acomodo en nuestro propio sentimiento de desgracia e indefensión.
Un ejemplo. Una persona que está preocupada porque considera que su pareja plantea su vida –a su juicio- de una forma muy independiente, puede pararse y afrontar la situación (pensando sobre su propia percepción, sobre el porqué del planteamiento de vida de su pareja, hablando de un modo sincero con la otra persona, etc.) o dar rienda suelta a su tormenta de pensamientos dejándose llevar por una ansiedad tóxica. A primera vista parece más lógico lo primero, ¿verdad?, sin embargo, más bien solemos actuar como el segundo caso (aunque muchas veces al final saltamos y “hablamos”, pero ya cuando la situación a nivel relacional y emocional ha avanzado demasiado en sentido negativo –fuera de momento y con formas poco adecuadas).
¿Por qué ocurre esto? Entre otras cosas, por lo que he dicho en los párrafos anteriores. Paradójicamente, nos sentimos más seguros con nuestros pensamientos repetitivos y ansiosos (pero al menos conocidos) que adentrándonos en lo desconocido de la autoreflexión y autoevaluación personal así como con la conversación sincera junto a la otra persona (¿quién sabe cómo reaccionará?, ¿y qué nos reprochará a nosotros?, ¿comprenderá lo que le decimos o nos hará sentir aún peor?, ¿qué averiguaremos sobre nosotros que no nos guste o qué nos hará ver que no nos guste?, ¿y si resulta que no tenemos tanto razón cómo creemos cuando pensamos sobre el tema y nos regodeamos sintiéndonos víctimas?, y tantas otras incógnitas que rondan conscientemente o inconscientemente por nuestra cabeza).
Espero que esta reflexión nos ayude a comprender un poquito más qué tipo de juegos psicológicos encubiertos trabajan muchas veces detrás de nuestras preocupaciones, y que esto nos ayude tanto a “perdonarnos” por dejarnos llevar más de una vez por nuestra ansiedad tóxica, como a que emprendamos el camino del afrontamiento práctico de los problemas con eficacia y valentía así como la aceptación de aquellas realidades que no podremos cambiar, el mejor antídoto para superar las preocupaciones.
Un saludo.
Si lo deseas puedes leer otros post relacionados en los siguientes enlaces:
- Los tres pilares para la práctica de la gestión emocional.
Los tres pilares para la práctica de la gestión emocional
En la actualidad nadie duda de que hablar del ser humano es hablar, entre otras cosas, de emociones. Desde hace una década, los cursos, talleres, seminarios y jornadas relacionadas con la gestión de las emociones están proliferando cada vez más. En nuestra cultura occidental estamos entendiendo de una forma masiva la importancia que tiene la dimensión emocional en nuestras vidas.
Sin embargo, aún estamos en una fase primigenia sobre la comprensión popular de cómo funcionan nuestras emociones así como de qué técnicas o herramientas son más o menos útiles para gestionarlas. Muchos de nosotros hemos asistido a una o varias jornadas sobre este tema y hemos regresado a casa con diversos consejos relacionados con técnicas de relajación, de meditación, cognitivas, etc. Pero, ¿qué vínculo de unión encontramos entre todas? ¿Hay algunos pilares o principios de actuación que sigan? ¿Tendríamos nosotros la posibilidad de elaborar nuestras propias técnicas para gestionar la dimensión emocional de nuestra persona?
Sí, es posible, y de eso me gustaría hablar brevemente. Aunque el tema de la gestión de las emociones es relativamente nuevo siempre han existido personas con cierta capacidad de autoconocimiento y autocontrol emocional. Consciente o inconscientemente, estas personas han utilizado estrategias propias, sin embargo todas estas estrategias prácticas están basadas en uno o varios de los tres pilares que explicaré a continuación:
- Foco
- Lenguaje
- Fisiología
El FOCO es la capacidad de enfocar los pensamientos en una dirección determinada que se considere bien sea sana o insana, productiva o improductiva para nuestras propias metas o necesidades personales. El LENGUAJE hace referencia al modo en que gestionamos nuestro diálogo interno (ese que subyace a nuestras emociones) así como al significado que le damos a los diversos hechos que ocurren a nuestro alrededor, a la percepción o interpretación de la realidad. Y la FISIOLOGÍA está relacionada con la realidad de nuestro funcionamiento corporal respecto a nuestras emociones, o sea a la conexión tan directa que tienen nuestras emociones con nuestras reacciones fisiológicas.
Trabajar con el FOCO tiene que ver con decidir en qué dirección voy a dirigir mis pensamientos e incluso mis conductas personales. Por ejemplo, si siento una sensación de angustia porque he dejado por primera vez a mi bebé en la guardería y es en lo único que “puedo” pensar esa mañana, decido un objetivo nuevo en el qué pensar que me resulte más agradable y me enfoco en él.
Trabajar con el LENGUAJE está relacionado con pararme y escuchar mi diálogo interior (entendiendo “diálogo interior” en un sentido amplio). En esta escucha hay que analizar este diálogo así como las creencias que podrían subyacer detrás. Por ejemplo: “soy un mal padre o madre” o “quizá debería haber alargado más la excedencia laboral” o “a mi niño le va a afectar mucho este desarraigo de la familia” o “¡pobrecito! ¡qué mal que va a pasar este día!” o “¡qué injusto/a que soy!” o “en el fondo nunca hago nada bien, ni soy capaz de criar a mi hijo en condiciones”, etc. etc. Una vez detectados estos pensamientos afrontarlos a un nivel consciente con una argumentación positiva y razonada, por ejemplo: “es mentira que sea un mal padre/madre por…” o “la realidad laboral no me ha permitido alargar más el tiempo de ingreso en la guardería, pero tengo muy claro que voy a invertir en mayor calidad de tiempo cuando esté con él” o “aunque se haya despedido llorando hay buenas profesionales que le van a cuidar, y va a conocer a otros niños con lo que pronto estará disfrutando con ellos el resto de la mañana, y si hoy aún no, seguro que mañana”, etc.
Como podemos comprobar, el lenguaje y el foco trabajan muy unidos. En definitiva es decidir dónde enfoco mis pensamientos para gestionar y generar las emociones que considero más positivas. Ahora bien, y esto es MUY IMPORTANTE: el uso de la focalización y el lenguaje no deben de usarse para fomentar el autoengaño –como por desgracia es muy usual en la difusión y aplicación de muchas de estas técnicas- sino para dirigir el rumbo de tus pensamientos y emociones (en definitiva, de tu vida) en una dirección sana que te ayude a vivir en la realidad manteniendo un sano equilibrio interior.
En último lugar mencionar la FISIOLOGÍA. Diversas investigaciones están demostrando cómo, al igual que nuestros estados emocionales se reflejan físicamente y según cambian estos cambia nuestra expresión física (a veces expresiones muy visibles y otras más sutiles), también, al cambiar intencionalmente nuestras expresiones físicas podemos influir en nuestro estado emocional. Por ejemplo, sonreir ayuda a entrar en estados emocionales más positivos al igual que mantener una postura corporal erguida y mirar al frente. Otras estrategias están ligadas a curiosidades como los movimientos oculares o la salivación (¡y funcionan!). Y por supuesto, también tendríamos dentro de este bloque a diversas técnicas relacionadas con la relajación/respiración (si bien, las técnicas de meditación y relajación trabajan normalmente los tres pilares).
Este tema de la fisiología es mucho más complejo e interesante que lo que aquí he expuesto, desde luego, y, al igual que los otros dos (foco y lenguaje), los iré trabajando más a fondo en siguientes posts.
Mientras tanto, ¿te animas a pensar en cómo utilizar creativamente en tu vida estos tres pilares de la gestión práctica de las emociones? Cuéntanos alguna estrategia propia y conéctala con los tres, verás cómo tiene relación con, al menos, uno de ellos.
Un saludo.
Mundo 2.0 y estrategia de adquisición de conocimiento
A nadie escapa la realidad de los rápidos cambios que estamos viviendo a nivel social y el papel fundamental que en todos ellos están teniendo los avances tecnológicos. Este proceso se está examinando desde varios enfoques, desde el de la ilusión apasionada en el que la tecnología juega un papel emancipador que nos está abriendo el camino hacia la información sin límites hasta aquel que nos presenta a la tecnología como un “monstruo con vida propia” del que hay que protegerse a toda costa, y en el peor de los casos “subirse al carro” cuando ya no haya otro remedio.
La realidad es que la tecnología ha formado parte del desarrollo del ser humano desde que existe como tal. Somos los únicos seres que tienen la capacidad de aprender conocimientos nuevos y transmitirlos a las siguientes generaciones para ir edificando sobre lo aprendido. Esta capacidad ha estado ligada a los avances tecnológicos desde nuestros inicios (era tecnología afilar un palo para pescar salmones hace miles de años como lo es la actual fabricación de microchips para usos tan variados como la medicina o la navegación espacial).
Uno de los debates que se han abierto tiene que ver con el gran tema de la Información. Hablar del papel de la información es hablar de poder, del interrogante sobre la dirección hacia la que se están desplazando las fuentes de poder. Y hablar de información es hablar también de cambios y de nuestra capacidad de adquirir y transformar la información correcta para adaptarnos a ellos exitosamente.
En relación a esto se están planteando algunas preguntas: ¿qué influencia están teniendo las nuevas tecnologías de la información en relación a nuestra adquisición de conocimiento y nuestra emancipación personal?, ¿en qué medida estamos más o menos controlados por una serie de poderes que controlan la distribución de la información?, pero especialmente esta última: ¿es suficiente el hecho de tener acceso libre a casi cualquier información para adquirir los conocimientos necesarios en cada momento en relación a nuestro desarrollo personal o profesional?
Si tuviéramos que resumir cuáles son algunos de los cambios más notables que estamos experimentando, y a los que las nuevas tecnologías de la información están contribuyendo considerablemente, yo diría que son la sensación velocidad y la saturación de información. Ante estas circunstancias, y enfatizando un poco más en lo relativo a la información, las actitudes que se están vislumbrando son las de un sentimiento de ansiedad por “devorar información”. La paradoja es que consumir información no es sinónimo de adquirir conocimiento (entendiendo conocimiento como información procesada críticamente y a la que se la ha dado un sentido, un provecho personal).
Históricamente la relación información-conocimiento ha estado directamente relacionada y, aunque toda la información que recibíamos no se convertía en conocimiento, ni mucho menos, sí que estaban bastante relacionados directamente el aumento de la cantidad de información que recibíamos con la cantidad de conocimiento que adquiríamos. Hoy, con la saturación de información a un click esto ha cambiado por completo, y algunos autores ya están hablando de lo que denominan “brecha del conocimiento”, la diferencia cada vez mayor entre la cantidad de información que recibimos con el conocimiento que adquirimos.
¿Qué problemas puede acarrear esta situación? Uno de ellos es la manipulación. Cuantos más inputs de un determinado tipo de información recibimos y no reservamos tiempo para procesarlos el efecto que se produce en las mentes es el de la manipulación sectaria que muchos colectivos han intentado durante toda la historia. La diferencia es que ahora somos nosotros los que nos “lobotomizamos” en nuestras propias casas si no paramos a hacer ejercicio crítico sobre lo que leemos y procesamos esa información bajo unos parámetros de aprendizaje clásicos: conocimiento, comprensión, razonamiento, análisis y síntesis. No vamos a explicar estos parámetros ahora, pero están relacionados con el proceso relativamente normal que utilizamos intuitivamente cuando convertimos información en conocimiento.
Otro de los problemas es el del autoengaño pues, al tener nuestras “convicciones” supuestamente basadas en una cantidad de información considerable, nos autoconvencemos de que nuestras convicciones sobre algo son más consistentes de lo que lo han sido nunca. Esta necesidad de autoafirmarnos interiormente con respecto a nuestras creencias es un arma de doble filo que puede sumirnos en la más completa e ignorante ignorancia, valga la redundancia; pero no hay nada más peligroso que el que ignora su ignorancia. Y si a esto añadimos el dato sobre que uno de los rasgos que caracterizan a los usuarios 2.0 es lo que se ha llamado Homofilia el coctel está servido (por homofilia se entiende la necesidad que tenemos todos de relacionarnos y compartir con aquellos que son lo más semejantes posible a nosotros). Aunque parezca una contradicción, en su gran mayoría internet no se está usando para buscar y analizar posturas críticas a las nuestras sino para descubrir los nichos donde nos encontramos más cómodos con aquellos que piensan como nosotros.
¿Qué debemos hacer a nivel personal frente a esta realidad? Me permito aconsejar dos pautas: tener una estrategia de adquisición de conocimiento y hacer dieta de información. ¿Cómo sería una plasmación práctica de esta estrategia y dieta personal?
- En primer lugar necesitamos definir qué áreas de conocimiento tienen interés para nosotros y cuáles no. Esto nos ayudará a seleccionar mejor cómo invertimos el tiempo y a qué le prestamos atención (la atención es tiempo).
- Necesitamos aprender a movernos por la red con rapidez para buscar la información que nos interesa, pero sobre todo a hacer una buena selección de fuentes de información de relevancia para nosotros.
- Hacer dieta de información, en el sentido de no leer y leer sin más, navegando de web en web y de enlace en enlace releyendo la misma información sin pararnos a reflexionarla; sino filtrar y guardar la información a la que accedemos en algún tipo de soporte sobre el que podamos volver para revisar.
- Por último, reflexionar sobre la coherencia de la información en dos sentidos: interna (que coherencia tiene esa información en sí misma, lógica de los argumentos, coherencia de datos y conclusiones que da sobre esos mismos datos, etc.) y externa (qué coherencia tiene en relación a otra información con enfoque diferente así como con los propios conocimientos ya adquiridos).
Sin duda todos estos consejos son de sentido común, pero nunca está de más recordarlos.
Un saludo.
Desarrolla tu entorno personal para ser más creativo
La mayoría de nosotros, si se nos pregunta sobre si somos creativos, solemos contestar con un rápido y rotundo No. Esto viene dado por varios motivos. Algunos de ellos pueden ser: el que tenemos un concepto muy elevado de lo que es ser creativo o porque pensamos que la capacidad para ser o no creativo viene impuestA por una suerte de determinismo genético (“yo nací así”).
Sin embargo, la realidad es que la creatividad, como muchas otras capacidades cognitivas, se puede desarrollar mucho más de lo que nuestros complejos frente a ella nos dejan creer. Como en todo lo relacionado con las capacidades personales cada individuo viene al mundo con un sustrato diferente, sin embargo continuamente se está avanzando en el descubrimiento de la asombrosa capacidad que tiene la mente humana para “modificarse” a sí misma.
En cualquier librería se pueden comprar libros relacionados con la creatividad, especialmente los que proveen una serie de técnicas y dinámicas contrastadas que nos pueden ayudar frente a la resolución de algún problema o el planteamiento de un reto. En este post os quiero dar más bien una serie de consejos de base, relacionados con cómo podemos trabajar un clima personal (ambiente de actitudes) que nos ayuda a medio y largo plazo a vivir de forma natural con una actitud más creativa. Luego, la aplicación de ciertas técnicas concretas en momentos puntuales ya corresponde a cada uno, según necesidad.
Así, algunas de las actitudes y comportamientos que si cultivamos de forma continua nos ayudarán a ser más creativos son:
- Motivación de aprender cosas nuevas. La creatividad está directamente relacionada con el proceso de transformación natural que vive la sociedad, tanto a nivel personal como colectivo. La realidad del cambio constante es patente, y más en medio de la sociedad 2.0 en la que estamos sumergiéndonos. El tener una mentalidad dispuesta a aprender cosas nuevas continuamente es vital en estos momentos. Nuestro cerebro está diseñado para aprender cosas nuevas –crear nuevas conexiones neuronales- y las sustancias químicas que se segregan cuando aprendemos cosas nuevas estimulan el funcionamiento cerebral tanto a nivel microscópico (conexiones neuronales) como macroscópico (interactividad entre los dos hemisferios). Por tanto, debes vivir con una actitud de aprendizaje constante. Un modo de motivarte a ello, si en estos momentos no te encuentras así, es recordándote los beneficios de aprender conocimientos y habilidades nuevas en distintas áreas de tu vida.
- Debes mantener y desarrollar la confianza en tus propias capacidades creativas. Es importante desterrar pensamientos negativos en cuanto a tu falta de capacidad. Tan importante o más es también el no ponerte obstáculos a tus capacidades no condenándote o ridiculizándote cuando pienses en hacer algo de un modo diferente (o si ya lo hayas realizado). Pero, sobre todo, lo importante es que busques constante y conscientemente el desarrollarlas a base de adquirir conocimientos sobre creatividad y poniéndolos en práctica.
Relacionado con el primer punto, debes de considerarte un “aprendiz estratégico”. El aprendizaje en tu vida tiene que ser algo integral (que abarca cualquier dimensión de tu persona) y fomentar una “mentalidad de aprendiz” durante toda tu vida. Esto está muy relacionado con una actitud de humildad personal. Dicho sea de paso, humildad no es autoflagelarse repitiendo: “qué inútil que soy” o “qué poco capaz”, sin demostrar una disposición activa a mejorar en algunas áreas de tu vida, sino ser consciente de tus puntos fuerte y limitaciones y entender que en todos ellos tienes la capacidad de mejorar y por tanto te dispones a ello marcando tu propio ritmo.- Para crear un ambiente personal propicio al desarrollo de la creatividad debes cuidar y desarrollar unos niveles de confianza en ti mismo y de autoestima sanos. Cuando estas bases de la personalidad humana no están bien cimentadas se convierten en un talón de Aquiles a la hora de avanzar en cualquier tipo de habilidad. De ahí que es tan importante cultivar prioritariamente los cimientos del edificio de nuestra vida si queremos construir sobre ellos un bonito edificio donde se mantenga fuerte el piso correspondiente a la creatividad.
- Capacidad de autorregulación del aprendizaje. En este punto estoy hablando de la capacidad para realizar una crítica sana sobre la actuación de uno mismo, de aprender tanto de los aciertos como de los errores y tener un espíritu de búsqueda de mejora constante, entendiendo que el aprendizaje, en última instancia, es un proceso de intento-acierto/error-mejora. La autorregulación también está relacionada con la disposición a buscar y aceptar retroalimentación externa a nosotros, de otras personas.
- Es necesario también tener un cierto nivel de autoconocimiento y autocontrol emocional, como mínimo con aquellas emociones y situaciones cognitivas que pueden tomar el control en acciones o momentos relacionados con la creatividad: vergüenza, bloqueo mental, angustia, sentimiento de impotencia, de inutilidad, etc. La mayoría de veces, este tipo de reacciones emocionales no tienen que ver directamente con nuestra capacidad para ser creativos sino con otro nivel de creencias que hemos elaborado sobre nosotros mismos, los demás o la vida, como serían: “no soy capaz”, “la mayoría de gente que conozco es más creativa que yo”, “para ser creativo hay que ser extrovertido… o medio hipie… o…”, “eso de la creatividad es una tontería, es una inversión de tiempo que no acaba siendo rentable”, etc.
- Y por último te animaría a empujarte a hacer cosas diferentes continuamente. No hablo de grandes actos creativos sino simplemente hacer cosas cotidianas de modos diferentes. Ya he comentado que el cerebro está diseñado para aprender y experimentar cosas nuevas. Lo interesante es que cuando más lo acostumbras a tejer nuevas redes de conexiones neuronales (con nuevos pensamientos, aprendiendo nuevas habilidades, haciendo cosas cotidianas de modos diferentes, etc.) más dispuesto está a seguir probando cosas nuevas (podríamos decir que es más elástico). A la vez, al experimentar conocimientos o experiencias nuevas, el cerebro activa una serie de procesos químicos que acaban creando adicción. Necesitarás seguir probando cosas nuevas. En conclusión, que en tus manos está el hacerte adicto a la necesidad de ser creativo e innovar.
¿Qué más actitudes se te ocurren que habría que trabajar para cultivar un entorno personal que favorezca la creatividad? Será un placer escucharte.
Un saludo.
¿FRACASO?
Uno de los temas más angustiosos con los que nos encontramos en la vida es el del fracaso personal. Un examen suspendido, una relación que se rompe, un trabajo que se pierde… o que no aparece, un proyecto que se paraliza a mitad… Todos nos encontramos y encontraremos continuamente lidiando con situaciones de este tipo, sin embargo la gran diferencia la marcará el modo en que estemos dispuestos a abordarlo.
A pesar de que al “fracaso” le hemos aplicado socialmente un significado negativo lo más importante es cambiar nuestra percepción sobre este término. El camino más efectivo es aprender a ver tu vida como un proceso en el que estás avanzando y creciendo y para ello aprendes en cada paso que das, incluyendo aquellos en que las cosas no salen como te gustaría. En este marco, el fracaso en determinados proyectos y situaciones de la vida se ve como parte del proceso de aprendizaje personal. Nuestra percepción de la realidad es más importante que la realidad misma que estamos viviendo, y esta percepción está bajo tu control. Es más, si aprendes a ver la parte positiva de cada acontecimiento de tu vida este enfoque será el que más te podrá ayudar a buscar formas de cambiarla si fuera necesario.
¿Cómo afrontar con éxito la asimilación de una situación que consideramos como “fracaso”? Te dejo una explicación del funcionamiento interno de tus emociones y un consejo doble.
EXPLICACIÓN: Ten en cuenta que normalmente, el sentimiento negativo hacia el fracaso está relacionado con creencias internas que todos tenemos en una medida u otra y que actúan a modo de voz interior con distinta intensidad sobre nuestras emociones, dependiendo de la circunstancia que estemos viviendo. Por ejemplo: “No puedo”, “No valgo”, “No me quieren”, “No lo merezco”, etc.
CONSEJO: Primero que nada párate, no tomes ninguna decisión importante, sobre todo de la que te puedas arrepentir, y reflexiona. Hazlo a dos niveles, será tu viaje de dos direcciones:
- Profundiza más en tu realidad interior y hazte preguntas como: ¿Qué me está diciendo mi voz interior en este momento? ¿Qué creencias sobre mí, los demás o el mundo son las que están aflorando en este momento de angustia ante el fracaso? ¿Es justo que un fracaso en una acción determinada deba definir quién soy, lo que valgo, etc.?
- Luego ve al extremo contrario, disóciate de tu situación, sal de ti. Imagina que eres una persona cercana a ti, que te conoce bien, pero que puede ver tu situación desde fuera y contéstate: ¿Por qué le ha ocurrido esto a … (tu nombre)? ¿Qué puede aprender de ello? ¿Quiere decir esto que es una persona que “no vale”, “no es capaz”, etc. como persona? ¿Si lo intentara de nuevo cambiando algunas cosas podría quizá conseguirlo? ¿Qué cambios podría realizar? ¿Es menos valiosa para mí por ello? Etc.
Esto son sólo dos consejos para bucear por el mar de tu mente cuando te encuentres ante el dilema de una situación en la que consideras que has fracasado. Seguro que conoces o has probado otras estrategias diferentes. ¿Te animas a compartirlas?
Un saludo.


