Ayer medio país estuvo enganchado a la radio, internet o la televisión durante buena parte de la mañana. Como cada año el sorteo de la lotería de navidad ha mantenido al país en vilo; siempre con esa pequeña luz de esperanza de ser uno de los agraciados a los cuales les puede cambiar la vida.
Y sí, la lotería puede cambiar la vida. Estudios recientes han demostrado que más del 70% de los premiados con una cantidad considerable en la lotería o similares acaban en un plazo medio de un año habiendo perdido todo lo ganado, pero no sólo eso, sino en la mayoría de veces arruinados económicamente y con rupturas serias a nivel relacional y familiar.
Nada más lejos de mi intención el arrojar un jarro de agua fría sobre la ilusión de cada año por estas fechas, y mucho menos a aquellos que hayan sido bendecidos por la fortuna. Sin embargo estos datos nos deben llevar a la reflexión tanto a unos como a otros. Recuerdo la conferencia de Alex Rovira que escuché recientemente –autor de La buena crisis y La buena suerte, entre otros bet-sellers- en la cual comentó que para tener poder hay que estar preparado para administralo. Y el dinero, al igual que el prestigio, o la posición social o política, etc., están relacionados con el poder en una u otra forma.
En el ámbito del coaching, cuando hablamos de metas u objetivos a alcanzar, siempre decimos que más importante que alcanzar lo que deseas es lo que creces durante el camino. Este proceso de esfuerzo, de superación de las barreras personales y de lucha frente a las circunstancias externas adversas, es el mejor catalizador del carácter de la persona. El crecimiento personal no se puede comprar ni puede tocar en suerte, está relacionado con el esfuerzo diario por alcanzar lo que deseas, empezando por el tipo de persona que te gustaría ser.
Alguien ha dicho que si deseas recoger buena suerte será mucho más sencillo si siembras con constancia la semilla de esa suerte (y no se refería a comprar perseverantemente lotería cada semana, lógicamente). Si tú defines, de una forma realista, qué es tener suerte para ti (que metas te gustaría alcanzar en cada área de tu vida) y te esfuerzas cada día en dar los pasos necesarios para alcanzarla, no sólo tendrás muchas más posibilidades de conseguir lo que deseas sino que durante el camino habrás aprendido las lecciones más valiosas de tu vida (y esto ya de por sí será un tipo de suerte que nunca te hubieras imaginado recibir).
Me despido con una ilustración. ¿Quién no reconoce la diferencia que hay entre estos dos jefes en su empresa? Uno ha conseguido el ascenso gracias a su esfuerzo en hacer un trabajo bien hecho y el otro por puro enchufismo, sin haber hecho méritos ni tener preparación para ello, o incluso por su actitud de “trepa” (ese personajillo típico que encontramos en cualquier empresa). Aunque es cierto que entran en juegos otros factores personales, seguramente la actitud de uno y otro frente a su puesto y con sus subalternos será totalmente diferente. ¿Quién preferirías tener, de entrada, cómo jefe? ¿Al que se ha curtido durante el proceso o a aquel que le ha sido dado sin currárselo?
Decide tú también qué actitud quieres tomar frente a la vida, especialmente después del dato que he mencionado al principio. ¿La de un “trepa de espíritu” que espera que un golpe de suerte del tipo que sea (no sólo lotería) le cambiará la vida? ¿O la de alguien que lucha por sembrar para su futuro con la disposición a esforzarse contra viento y marea? En vísperas del nuevo año al que vamos a entrar no viene mal pararnos a reflexionar sobre estas cuestiones.
Un saludo y mis mayores deseos de felicidad para todos en estas fechas.
J. Secanella
Si quieres seguir leyendo sobre estos temas puedes hacerlo en:
- Talento y talante en nuestro proceso de transformación ante la crisis.
En una ocasión, un experto en gestión del tiempo sorprendió a su audiencia con una poderosa ilustración que quizá haya sido una de las más utilizadas en seminarios sobre este tema en todo el mundo.
Puso delante de su audiencia un recipiente transparente de boca ancha y señaló un montón de piedras de cierto tamaño que tenía al lado. A continuación preguntó a su audiencia sobre la cantidad de piedras que cabrían en el recipiente, y mientras unos y otros debatían él iba insertándolas dentro. Cuando ya no cupieron más preguntó si el recipiente estaba lleno, a lo que la contestación fue unánimemente afirmativa. Entonces sacó una bolsa con grava y empezó a llenar el recipiente, la grava se fue insertando entre los huecos de las piedras. En ese momento, al repetir la pregunta de si el recipiente estaba lleno los asistentes no se atrevieron a afirmarlo con tanta rotundidad. Ya empezaban a captar la idea.
En efecto, volvió a sacar otra bolsa con arena con lo que efectuó la misma operación. En esta ocasión, su audiencia tuvo claro que la respuesta a la pregunta era un “no” rotundo, aún se podría llenar más. Y así es como hizo, cuando acto seguido vertió en el recipiente una cierta cantidad de agua que aún encontró lugar donde ubicarse.
Al acabar les preguntó: “El recipiente simboliza el tiempo que tenemos y el contenido (piedras, grava, arena y agua) lo que hacemos en ese tiempo de que disponemos, ¿qué podemos aprender de esta ilustración?”
Unos dijeron: “Que siempre puedes hacer algo más de lo que haces en un mismo espacio de tiempo”, otros comentaron: “Que siempre puedes encontrar cosas pequeñas, de poca duración, para rellenar esos huecos de tiempo que quedan perdidos”, etc.
Sin embargo él les comentó que la principal lección que se debía de aprender de esa ilustración no era la de “exprimir” el tiempo como si fuera una naranja, ni la de que no debemos dejar tiempo ni para respirar, sino que “si no ponemos las piedras grandes en primer lugar luego no encontraremos el modo de introducirlas”. La gran pregunta que tenemos que hacernos a la hora de administrar nuestro tiempo es: ¿Cuáles son las piedras grandes en mi vida?
Todo es una cuestión de aprender a definir cuáles son estas piedras en tu vida, cuales son las cosas verdaderamente importantes (¿trabajo?, ¿familia?, ¿amigos?, ¿ocio?, ¿formación?…) y definir prioridades. Esta cuestión debe contestársela cada uno, pero si quieres una pista sobre cómo distinguir aquello que es verdaderamente importante contéstate a preguntas como: ¿Qué cosas de las que hago me hacen realmente feliz? ¿Qué cosas son las que hacen feliz a mis seres queridos? ¿Qué cosas de las que hago, o podría hacer, tendrían la capacidad de ayudar a otras personas de un modo muy relevante?, etc.
Pero si estás pensando que algunas de estas preguntas están cargadas de valores que puedes o no compartir, te animo a que cómo mínimo, en tu búsqueda de qué es aquello verdaderamente importante en tu vida, te preguntes: ¿Qué cosas de las que puedo hacer me van a ayudar a acercarme más a mis objetivos de vida?
Y por cierto, si no aún no te has parado a plantearte estos objetivos quizá este sea el momento ideal para empezar a hacerlo.
Mucho ánimo con ello.
Un saludo.
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Hoy, voy a hablar de la gestión del tiempo. Es un tema que no debía de tardar demasiado en abordar pues es quizá uno de los temas más recurridos y necesarios en todo lo relacionado con el desarrollo tanto personal como organizacional.
En el área de la gestión del tiempo cada uno tiene su método. Desde el estudiante hasta el trabajador por cuenta ajena, pasando por el alto ejecutivo o el operario de fabricación, todos tienen, tenemos, la necesidad de organizar nuestro tiempo. Y todos utilizamos algún sistema para ello, lo queramos o no. La pregunta es: ¿estamos siendo conscientes de cuál es nuestro método y de la eficacia que éste tiene?
Lo interesante, como les decía a los asistentes al seminario sobre Gestión del tiempo que impartí este lunes en Forum ’09 en El Escorial, es que la mayoría de consejos y principios sobre la administración del tiempo que se pueden dar son de puro sentido común. No iban a descubrir algo verdaderamente novedoso. Sin embargo, lo realmente difícil es acabar poniéndolos en práctica. Esta es la gran sima que separa el saber con el hacer.
Es por esto por lo que en mi opinión, la clave para una eficaz gestión del tiempo es entenderlo como una gestión de la vida, y en vez intentar dar el salto desde el saber al hacer plantearnos el dar el salto hasta el ser. Partiendo desde estos cimientos la edificación posterior será más sencilla.
La gestión del tiempo necesitamos entenderla como gestión de la vida porque es imprescindible ser realistas respecto a nuestras fortalezas y debilidades, respecto a los obstáculos tanto internos como externos que nos vamos a encontrar en el camino, y asumir por tanto nuestra responsabilidad en el proceso de mejora personal en esta área.
La gestión del tiempo debemos entenderla como gestión de la vida porque tiene que ver con nuestros hábitos. Los hábitos son ese conjunto de actitudes y comportamientos que realizamos como habituales, valga la redundancia, y para los que no necesitamos esforzarnos demasiado pues surgen de modo casi automático. Cuando enfrentemos el reto de mejorar la administración de nuestro tiempo nos encontraremos con hábitos que necesitan ser modelados y el cambio en los hábitos no es cosa fácil.
La gestión de tiempo tiene que ver con la gestión de la vida porque está muy relacionado con nuestra identidad, entendida como la respuesta a las preguntas: ¿quién soy? y ¿quién quiero llegar a ser? En la medida que tengamos esto verdaderamente claro tendremos la motivación necesaria para abordar los cambios personales que debamos realizar. Cada hábito a modelar forma parte del carácter que nos hemos forjado con los años y sin una visión clara del carácter que nos gustaría reflejar no seremos capaces de cambiar los hábitos pertinentes. O ni siquiera veremos la necesidad de ello… nos quejaremos día tras día de que nuestra vida pasa por delante de nuestras narices sin emplearla en las cosas verdaderamente importantes y sin embargo no sabremos por qué.
Con esta pista que acabo de dar sobre “las cosas verdaderamente importantes” me despido y prometo dedicar el siguiente post a hablar sobre el principio básico que debe regir un planteamiento de gestión del tiempo/vida.
Un saludo.
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En vista del momento académico en el que nos encontramos en estas fechas: a mitad del semestre universitario y cerca del final del primer trimestre para los estudiantes de secundaria, serán de orientación unas pautas básicas sobre rendimiento académico.
Tradicionalmente se ha pensado que la capacidad intelectual (entendida como inteligencia cognitiva o racional) era la clave para el éxito en el terreno académico. Cada vez se sabe que hay muchos otros factores, muy relacionados con el carácter, que son más importantes incluso que el coeficiente intelectual. La gestión de la emociones, la capacidad de esfuerzo, la autodisciplina, el autoconcepto y otros términos, la mayoría relacionados con lo que conocemos como Inteligencia Emocional, son factores clave, no sólo para el éxito académico, sino de la vida en general. ¡Y todos estos se pueden aprender y mejorar!
En otros posts hablaré de estos conceptos más a fondo, así que de momento os “hago boca”. En esta ocasión querría centrarme en lo que conocemos como “Circuito de Aprendizaje”, en cómo funciona el modo en que las personas llegamos a asimilar, comprender y recordar conceptos. Esto es algo que se puede mejorar sobremanera con las técnicas adecuadas. La mayoría de ellas ya son clásicas del sistema de estudio popular, sin embargo muy pocas veces comprendemos el porqué “nos dicen” que son buenas y no acabamos aplicándolas efectivamente al parecernos una pérdida de tiempo.
El aprendizaje, entendido como ese momento en que hemos asimilado una idea y somos capaces de aplicarla (tanto en la vida real como en la síntesis en un examen), consta de cinco niveles. Hasta que no se han cumplido todos no podemos decir que se ha completado el proceso, y el riesgo de no ser capaces de aplicar o recordar los nuevos datos que nos han llegado está ahí (¡cuánto nos preocupa la memorización de cara a los exámenes, ¿verdad?!); de hecho no podremos decir que hemos APRENDIDO algo en mayúsculas. Estos cinco niveles son: Conocimiento, Comprensión, Razonamiento, Análisis y Síntesis.
La diferencia entre procesar los datos que recibimos a través de estos cinco niveles o no equivale a la diferencia que hay entre comer una buena comida rápidamente y de golpe o despacio y masticando tranquilamente. El nivel de aprovechamiento es muy distinto.
- El CONOCIMIENTO tiene que ver con el primer encuentro que tenemos con unos datos. Si estamos hablando de leer es la lectura rápida que hacemos de un texto, artículo, capítulo o incluso libro que necesitamos estudiar. En esta fase se debe sacar la idea general del tema así como algunas principales.
- La fase de COMPRENSIÓN es aquella en la que procesamos un poco más el texto y en la que deducimos claramente las ideas principales, secundarias, así como resaltamos algunos datos importante (fechas, estadísticas, fórmulas, etc.). El mejor modo de trabajar esta fase es mediante el subrayado.
- La tercera fase, y la que muy pocos ponen en práctica (a no ser que se pida expresamente por el profesor), es la del RAZONAMIENTO. En ella debemos razonar el texto a nivel crítico así como relacionarlo con otras materias o con la vida real. En ella asumimos que lo que estamos aprendiendo es algo más que mirar en un simple escaparate sin interés, tiene que ver con la vida real. Es muy útil clasificar las ideas principales y secundarias en categorías, hacer reflexiones críticas (personales), relacionar con otras materias, con la vida real, o con opiniones críticas de otras personas. Algunas de estas cosas las puedes hacer por escrito y otras mentalmente.
- La cuarta es la del ANÁLISIS. En ella debemos llegar al nivel de asimilar la información hasta el punto de poder extractarla y organizarla a nuestro criterio. Para esto es muy útil hacer esquemas (suelen mantener el orden del texto, aunque no obligadamente) y mapas mentales (aquí el orden suele ser más libre, siempre que tenga verdadera coherencia).
- Por último llegamos a la fase de SÍNTESIS. En ella debemos ser capaces de resumir la información con la seguridad de haber seleccionado lo realmente esencial, dando por sentado que seríamos capaces de ampliar ese resumen según hiciera falta. Obviamente esto se trabaja mediante el resumen redactado.
Uno de los grandes obstáculos para poner en práctica este proceso de estudio es la lentitud que supone en un primer momento, sin embargo, si eres capaces de perseverar, en un tiempo no muy largo (un par de meses… o quizá menos) ya estarás ahorrando tiempo en tus estudios. La práctica de este proceso lleva a una automatización del mismo con el que podrás ejecutar esas fases mentalmente de forma automática pudiendo, por ejemplo, hacer un esquema o resumen con toda facilidad después de la primera lectura de un texto.
Por otro lado, cuando compruebes que después de hacer esto tienes adelantado entre el 50-70% del trabajo de memorización posterior te convencerás definitivamente.
No dejes de probarlo. Mucho ánimo con todo ello.
Un saludo
Uno de los grandes obstáculos con los que una persona se encuentra para alcanzar sus metas, o simplemente para vivir el día a día, es la falta de motivación. ¿Has experimentado en alguna ocasión esa sensación de no tener fuerzas para perseverar en un proyecto, para cumplir con ciertas obligaciones o incluso para dar el salto de la cama y afrontar el día con cierta ilusión o perspectivas?
Trabajar con nuestra motivación es un tema complejo pues ésta se encuentra en la dimensión de las emociones, algo que en nuestra cultura occidental no estamos muy acostumbrados a controlar en un sentido positivo. Hay varios caminos que nos pueden ayudar a conseguirlo, y uno de ellos es el de trabajar desde nuestros pensamientos. Pensamientos y emociones suelen actuar normalmente juntos (aunque no nos lo parezca muchas veces) y modificando uno de ellos se puede influir en el otro. Cuando tenemos una necesidad emocional (ej. una falta de motivación por algo, o de un modo general) y no sabemos cómo confrontarla directamente puede ser muy útil entrar “por la puerta de atrás”, en este caso trabajar los pensamientos que pueden actuar sobre las emociones. De hecho, en muchas ocasiones suele ser el camino más efectivo.
Entonces, ¿de qué modo podemos aumentar nuestra motivación por algo, o de un modo general en nuestra vida, a través de nuestros pensamientos? Con una fuerte visión. Tener una visión tiene que ver con tener un sentido en lo que hacemos, una dirección, pero también está muy relacionado con la motivación, el motor que nos mueve. La dimensión de nuestros pensamientos está relacionada con el conocimiento y con el planteamiento de acciones, pero las emociones están en la base de la acción en sí. Cuando tienes un planteamiento de vida, de acción, la motivación se activa casi instantáneamente y recorrer el camino para conseguir lo que deseas se hace mucho más fácil, es más, el mismo recorrido puede ser parte del disfrute de la vida.
Sin embargo, ¿por qué muchas veces “sabemos” lo que queremos hacer pero no llega la motivación? Muchas veces es porque en esa “visión” no se cumplen algunas condiciones básicas para que sea verdaderamente poderosa, como:
- Tu visión/es debe ser algo que te apasione, que desees de verdad.
- Tiene que ser coherente con tu “misión de vida”, con el proyecto de persona que eres y al mismo tiempo en que te quieres convertir (en próximos posts hablaré de la identidad y su relación con quién eres y a la vez con quién quieres ser).
- Tiene que ser coherente con tus valores. Muchas veces deseas cosas que chocan con ciertos valores con los que no estás dispuesto a renunciar (ej. ciertas aspiraciones laborales en algunos contextos donde te “obligan” a mentir, resulta que aunque te gustaría ascender y hacer bien tu trabajo esta “imposición” choca con tus valores… en un caso así es normal que esa visión no te motive lo suficiente).
- Debe ser TU visión. Muchas veces es impuesta por otros, la sigues por obligación o porque te han enseñado desde pequeño que es hacia donde debes ir. Te has autoconvencido no planteándote los aspectos de esa visión que en el fondo no te ilusionan.
- Y, sobre todo, tu visión debe ser algo que te rete a crecer, a desarrollarte aspirando a esforzarte por superar tus límites personales. Muchas visiones, muchos objetivos de vida, son tan pobres –en el sentido de cómodos- que poco después de haber empezado su búsqueda el camino se torna aburrido. El ser humano existe para crecer y “aspirar a más”, entendido esto como un superarse a sí mismo continuo. Todo lo que no entra en estos cánones sólo provoca desmotivación y apatía y lo único que va a conseguir en ti es un sentido de vida conformista y rutinario.
Se podría decir mucho más sobre la motivación, como qué hacer para motivarse ante aquellas cosas que son “obligaciones” de la vida (como mínimo temporales) y que a ti en particular quizá no te motiven en sí mismas. La variedad de “obligaciones” puede ser muy extensa, p. ej.: estudiar la ESO, realizar las tareas de la casa, soportar temporalmente ciertos trabajos, etc. Como una pista, animarte a que te plantees “investigar a fondo” cuáles son los aspectos positivos para tu desarrollo (aunque sea indirectamente) que te pueden aportar esas tareas o responsabilidades. Tómate el tiempo que necesites y no olvides consultar con algunas personas de confianza en ese proceso.
Ánimo y no te cortes en soñar. (“Como no sabía que era imposible, lo hice” Thomas Alba Edison)
Un saludo.
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Este sábado tuve el privilegio de recibir una invitación para visitar durante la mañana el encuentro “Desata tu potencial 2009”, que tuvo lugar en la Universidad Politécnica de Valencia.
Desata tu potencial es una asociación sin ánimo de lucro que tiene por objetivo el “trabajar con los más jóvenes en el desarrollo del potencial humano mediante el diseño e implementación de programas de formación y entrenamiento en las áreas de la inteligencia emocional, el aprendizaje, la comunicación y el rendimiento”. Si ya suena apasionante, más lo es cuando visitas un encuentro donde más de 400 jóvenes pasan un fin de semana formándose en estas áreas con una excelente combinación de teoría y práctica. Todo ello dirigido por Juan Planes, experto en desarrollo personal, en colaboración con un organizado equipo de voluntarios que participan altruistamente en la asociación.
Muchas cosas se podían decir de este encuentro, y seguramente cada asistente destacaría unos aspectos más que otros. Personalmente, lo que más me ha gustado ha sido ver a tal cantidad de jóvenes aprendiendo principios básicos para el “éxito” personal, entendido el éxito como la capacidad de aprender a gestionar su vida con el objetivo de disfrutar más plenamente de ella.
Algunos de los principios que Juan Planes ha compartido han tenido que ver con algo tan necesario como:
- La responsabilidad personal de tu vida. Tú eres quien debes tomar las riendas de lo que haces y lo que no, y de ti depende en última instancia la dirección que tu vida toma.
- Tener clara la dirección hacia la cual debes caminar. Esto (aunque ha sido parte del programa en el que yo no he estado presente) lo ha planteado de una forma práctica animando a cada asistente a diseñarse una planificación de vida.
- Conocerte a ti mismo. Es imposible saber hacia dónde quieres llegar si no sabes desde dónde partes. La sinceridad con uno mismo es esencial frente a cualquier proceso de cambio.
- Importancia del autocontrol. Especialmente a nivel emocional. Tú puedes aprender a controlar tus emociones. La inteligencia emocional es algo que se puede aprender, además de ser de ella de la que depende buena parte de lo que consigas en la vida.
- Y sobre todo, lánzate. Atrévete a luchar por lo que deseas.
Estas palabras no son literalmente las expresadas por Juan Planes, obviamente, de hecho estoy utilizando mi propio lenguaje al resumir estas ideas (a aquellos que me conocéis no os habrán resultado nuevas algunas expresiones). Pero sí que han sido principios que estaban continuamente presentes en todo lo que se decía en el seminario Desata tu potencial 2009, los que suscribo como básicos para el proceso de desarrollo de cualquier persona.
Me encantaría contaros más, pero mejor no alargo el post por amor a la concreción que se espera de una entrada de blog. Te animo a que te pongas en contacto con la asociación y no te pierdas el próximo evento que organicen (posiblemente de cara a la primavera).
Un saludo.
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